InicioEditorialAlcohol en la cabeza cuando estamos detrás de un volante

Alcohol en la cabeza cuando estamos detrás de un volante

Efectivamente es una muy mala combinación, que deja saldos trágicos en múltiples ocasiones. Quién puede dudar que los controles que se han impuesto, han contribuido a reducir la cantidad de personas que conducen bajo influencia alcohólica y, por tanto, el índice de accidentes. La denominada «tolerancia cero» es una medida drástica pero de resultados positivos, ha logrado que muchos hagan lo que siempre supieron debían hacer… no beber si es que se va a conducir y no conducir si es que se va a beber, así de simple. Los mismos que en Bolivia han estado detrás de un volante en estado de ebriedad, no lo hacen en otros países… es sencillo, saben que no pueden tranzar ni arreglar con nadie y las sanciones son muy duras.

A pesar de los resultados efectivos de las medidas asumidas, se escuchan innumerables denuncias por supuesto abuso policial, uso excesivo de la fuerza y hasta cobros indebidos, coimas en otras palabras, que pasaron a ser más elevadas, más caras. Se deben investigar y es el Comando Departamental la instancia que debe promover ese proceso a la brevedad posible, porque el descrédito cae pesado sobre la institución verde olivo. Aún así, es lamentable conocer datos que señalan que son los jóvenes los que protagonizan u ocasionan la mayoría de accidentes de tránsito en Tarija, no solo por el consumo de alcohol sino también por la negligencia e irresponsabilidad con la que actúan, conducen alcanzando altas velocidades, no respetando las señales de tránsito, sin tomar en cuenta al peatón, etc. De hecho que el brío de la juventud empuja demasiado y lleva a situaciones extremas, lo que no significa que se justifique, ni siquiera la inmadurez puede usarse como un antenuante en hechos de esta naturaleza. El irrespeto ocasiona tragedias, cuesta vidas humanas y con mucha frecuencia, la de los mismos que provocaron el accidente. Lo triste es que después nada se gana con lamentos, las vidas no se recuperan, no solo las que se fueron sino las que se perdieron ya que situaciones así marcan para siempre y a veces lleva a los causantes a la cárcel aunque el dolor provocado a familias enteras es irremediable. Qué difícil es luchar contra esa rebeldía que no entiende de razones ni escucha la voz de la experiencia ajena, aún así se debe trabajar con los jóvenes para lograr que comprendan que todos sus actos acarrean consecuencias.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

LO MÁS LEIDO