La planta de tratamiento de aguas residuales (PTAR) para Tarija no es un tema nuevo, ni un proyecto reciente, ni un capricho técnico. Es, sencillamente, una deuda histórica. Una deuda que se arrastra por décadas, mientras la ciudad crece, los barrios se expanden, los ríos se saturan y el riesgo ambiental se vuelve más evidente y más costoso. Por eso, resulta incomprensible que, pese a la necesidad urgente y al anuncio público realizado por el Gobierno nacional, el proyecto siga empantanado por una sola razón: falta la aprobación de la ley que habilite el crédito para su ejecución.
Y esa responsabilidad recae directamente sobre los diputados y senadores por Tarija.
La bancada tarijeña en la Asamblea Legislativa Plurinacional tiene hoy la oportunidad —y la obligación— de romper un ciclo vergonzoso en el que nuestra región se queda con discursos, promesas y anuncios, pero sin obras concretas. No se trata de un favor político ni de un gesto partidario, sino de cumplir con la tarea básica para la cual fueron elegidos: gestionar, viabilizar y defender los proyectos estratégicos que afectan al bienestar de su departamento.
La ley requerida no es un simple trámite administrativo; es la llave que abrirá el proceso de licitación y, con ello, el inicio real de la construcción de la PTAR. Sin esa norma, la obra vuelve a quedar en el limbo, como tantas veces antes, archivada en la memoria dolorosa de las oportunidades perdidas. Tarija ya ha visto pasar gobiernos, ministros y anuncios rimbombantes sin que nada cambie en el terreno. No podemos darnos el lujo de repetir la historia.
Corresponde a los representantes tarijeños dejar de lado cálculos partidarios, protagonismos y mezquindades. Esta es una causa que no admite colores; es una causa de salud pública, de sostenibilidad ambiental y de respeto a la ciudadanía que ya espera demasiado. La bancada debe articularse, presionar, negociar, insistir y, si es necesario, incomodar, hasta lograr que la norma sea tratada y aprobada.
El país entero debe entender que Tarija no exige privilegios: exige que se cumpla lo que se anunció y lo que se necesita. Mientras tanto, los tarijeños seguirán esperando que sus legisladores estén a la altura, y que esta vez, por fin, la historia avance hacia el lado correcto. Porque el tiempo de las excusas terminó.
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