Redacción Central/Bolinfo/
El Periódico – julio 7, 2025 –
En vísperas de las elecciones generales, los planes de gobierno de los candidatos a la presidencia de Bolivia están bajo el escrutinio de los expertos. Luis Fernando Romero Torrejón, presidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija, ofreció una perspectiva crítica y realista sobre las propuestas económicas, advirtiendo que la verdadera magnitud de la crisis fiscal y financiera del país podría obligar a los futuros gobernantes a reajustar drásticamente sus agendas. Según Romero, el «mejor plan es el que se hace» en la práctica, una vez que se conozca el real estado de las finanzas públicas.
Optimismo presidencial vs. realidad económica cruel
Romero se refirió a las propuestas de los principales candidatos, destacando el optimismo de algunos, como Samuel Doria Medina. Sin embargo, cuestionó la viabilidad de resolver una crisis «multidimensional» y de origen fiscal de 11 años consecutivos de déficit público en tan solo 100 días. «Es algo no diría imposible, pero poco factible», sentenció el economista, argumentando que proveer carburantes de forma oportuna, garantizar el acceso a dólares al tipo de cambio oficial y controlar la inflación en ese plazo requeriría políticas «muy drásticas con elevados impactos sociales». Aunque un enfoque de «el fin justifica los medios» podría intentarse, Romero lo ve muy difícil en un entorno tan volátil.
El análisis de Romero se extiende a la influencia del contexto social y político. Para el presidente de los economistas tarijeños, «por más que venga el mejor economista del mundo, las políticas económicas que tenga no van a resultar como espera porque el tema social y político tienen demasiada injerencia». En su opinión, la estabilización de la economía boliviana tomará entre dos y tres años.
Sobre otras propuestas, como la de Manfred Reyes Villa de proveer gasolina y diésel a 5 bolivianos sin subvención por cinco años, Romero manifestó su escepticismo. «Eso es algo que no cuadra totalmente porque en cualquier parte del mundo el litro de diésel está por encima del dólar», señaló, poniendo en duda la viabilidad de tal promesa. En cuanto a la propuesta de Jorge Quiroga (Tuto) de recurrir a un mayor endeudamiento externo para una rápida estabilización, Romero advirtió sobre un «límite peligroso», dado que la deuda pública (interna y externa) ya bordea el 90% de nuestro Producto Interno Bruto. Un endeudamiento adicional, además, no se conseguiría de un día para otro, pues los organismos financieros exigirían primero la estabilización económica, el cumplimiento de metas macroeconómicas y un reajuste fiscal.
En teoría, los tres principales candidatos mencionados por Romero son de tendencia promercado, planteando reducir el Estado y el gasto fiscal. Sin embargo, el economista identificó contradicciones en sus propuestas. Romero enfatizó que un gobierno sin una «fuerza y un peso importante en la Asamblea no va a poder implementar sus políticas» y, por ende, le costará mucho restablecer la economía del país.
La cruda realidad de Tarija: decretamiento continuo y urgencia de un nuevo modelo
En el plano departamental, la situación de Tarija es aún más compleja. Romero lamentó que sea el único departamento que, desde 2014, ha experimentado un decrecimiento económico continuo. Atribuye esto a la «dependencia de las rentas petroleras» y a la falta de previsión en «tiempos de vacas flacas». La economía tarijeña todavía depende en un 30% del sector hidrocarburífero, lo que subraya la urgencia de una diversificación productiva.
El economista hizo un llamado a la Gobernación y la Asamblea para que «apunten hacia la misma dirección» y trabajen en incentivar el desarrollo económico, posiblemente a través de alianzas público-privadas. La paradoja es que Tarija cuenta con pocas empresas e industria, y aunque se pretende vivir del turismo, este sector requiere tiempo y una inversión considerable. La escasez de recursos que llegan mes a mes hace que las entidades públicas (gobiernos municipales y Gobernación) se conviertan en meros «entes funcionales pero no de inversión». La economía local, según Romero, subsiste por lo poco que llega del sector público, una mínima contribución del sector privado, y el impulso de la informalidad y el contrabando.
Para cambiar esta realidad, es indispensable una transformación de la matriz productiva y un cambio de modelo, lo cual «lamentablemente necesita el apoyo del nivel nacional» y de «entes financiadores externos». Sin embargo, «por temas políticos» este apoyo se ha visto «acondicionado o limitado». Esta situación genera un escenario «muy estresante» para Tarija, con una clara tendencia negativa.
Romero concluyó que la recuperación de Tarija será «mucho más costosa» debido a la persistente falta de carburantes y la irregularidad en el tipo de cambio del dólar, que tiende a seguir subiendo. Esto complica el panorama para negocios, empresas y el comercio, golpeando a Tarija más fuerte que a otras regiones con economías más diversificadas como Santa Cruz. La escasez de oportunidades laborales y el aumento de precios básicos («nos cuesta más llenar la bolsa de mercado») han llevado a que muchos jóvenes tarijeños busquen nuevas oportunidades fuera del departamento. Para salir de esta crisis, Romero enfatizó la necesidad de que las futuras autoridades electas trabajen «de la mano en la misma ruta y objetivos» y busquen un «cambio verdadero en lo político, en lo institucional, con actores y gente que realmente pueda ayudar a salir de la crisis pero a mediano y largo plazo, no solamente de manera temporal o generando impactos negativos».
