Tarija enfrenta una preocupante paradoja: su representación parlamentaria no está a la altura de sus necesidades ni de sus desafíos. A pesar de contar con recursos hidrocarburíferos, una posición geográfica estratégica y un capital social valioso, los avances en desarrollo humano, infraestructura, integración y gestión pública son limitados. Parte sustancial de esta realidad se debe a la débil labor que han venido desempeñando los diputados y senadores que representan al departamento en la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Muchos legisladores tarijeños han demostrado una preocupante desconexión con las demandas reales de la población. Su accionar parlamentario suele limitarse a líneas partidarias, priorizando intereses políticos por encima de las necesidades territoriales. En vez de ser impulsores de leyes y fiscalizadores activos que defiendan el desarrollo de Tarija, se han convertido en figuras decorativas que reproducen discursos impuestos desde La Paz, sin una visión regional clara.
La falta de proyectos de ley significativos que beneficien directamente a Tarija es otra muestra de esta debilidad. La región necesita legislación que garantice una distribución justa de regalías, incentivos para el desarrollo productivo y la agroindustria, protección ambiental para ecosistemas frágiles como el Chaco y la reserva de Tariquía, además de políticas claras para infraestructura, salud y educación. Sin embargo, los actuales parlamentarios han fracasado en proponer y concretar iniciativas estructurales que atiendan estos temas.
A esto se suma la escasa fiscalización que ejercen sobre la gestión pública nacional en asuntos que afectan directamente al departamento. Casos de corrupción en el manejo de recursos del gas, recortes presupuestarios, demoras en obras clave y el abandono de compromisos nacionales con Tarija rara vez encuentran una respuesta firme o articulada por parte de sus representantes. Esto ha generado una creciente frustración ciudadana que percibe al Parlamento como un espacio lejano, burocrático e ineficiente.
Tarija necesita una nueva generación de legisladores: con formación sólida, compromiso cívico, arraigo territorial y visión de futuro. Diputados y senadores que se deban a la región y no a una sigla; que ejerzan la política como servicio público, y no como una plataforma de ambiciones personales o de obediencia ciega. Representantes que, más allá del discurso, se atrevan a construir consensos nacionales desde una perspectiva regional, que luchen por equidad fiscal y autonomía real, que sean voz de los pueblos indígenas, del campesinado, de los jóvenes, de las mujeres y de los emprendedores.
La elección de mejores parlamentarios no depende únicamente de los partidos políticos: es también responsabilidad del electorado. Tarija debe exigir debates de calidad, revisar trayectorias, cuestionar propuestas y rechazar el continuismo mediocre. Porque mientras siga mandando al Congreso figuras sin preparación ni compromiso, seguirá condenándose a la postergación.
