En los primeros días de 2025, Bolivia enfrenta un resurgimiento alarmante de la COVID-19, marcando un trágico comienzo de año con la confirmación de tres fallecimientos en un corto período. Entre las víctimas, dos adultos mayores en Santa Cruz y un hombre en Cochabamba, todos con enfermedades preexistentes y sin la protección de la vacunación, destacan la vulnerabilidad de ciertos grupos poblacionales frente a esta enfermedad que, aunque ha disminuido su letalidad en comparación con los picos anteriores, sigue siendo una amenaza significativa.
El primero de los decesos en Santa Cruz se reportó el 7 de enero, cuando el Servicio Departamental de Salud (SEDES) de la región informó sobre una pareja de ancianos, un hombre de 78 años y una mujer de 96. Ambos padecían enfermedades crónicas que complicaron su condición ante el contagio del virus. Este suceso ha despertado preocupación en la comunidad, que recuerda los momentos más críticos de la pandemia, cuando los adultos mayores eran los más afectados.
El tercer caso fatal, ocurrido en Cochabamba, implica a un hombre de 70 años que había viajado desde Santa Cruz para visitar a su familia. Su llegada a la «Llajta» coincidió con un súbito aumento en los casos positivos de COVID-19, que alcanzaron 45 en la jornada anterior, lo que representa un alarmante incremento del 246% en comparación con la semana epidemiológica anterior. Este aumento ha llevado a los expertos en salud a intensificar sus esfuerzos en la vigilancia y control de la propagación del virus.
Rubén Castillo, responsable de Epidemiología del SEDES de Cochabamba, subrayó que el paciente fallecido había presentado un cuadro clínico severo que se vio agravado por sus condiciones de salud previas. Este contexto resalta la importancia de la vacunación y el monitoreo continuo de personas con enfermedades subyacentes, quienes son más susceptibles a complicaciones graves por el virus.
La situación epidemiológica en Bolivia es preocupante, ya que hasta el 7 de enero se contabilizaban 476 casos de COVID-19 en el país, con un aumento registrado en ocho de los nueve departamentos. La variabilidad y la aparición de nuevas subvariantes del linaje Ómicron, especialmente la JN.1, han sido identificadas como las responsables de la nueva ola de contagios. Según los expertos, estas variantes son «potencialmente transmisibles», lo que podría exacerbar aún más la crisis sanitaria si no se toman medidas preventivas efectivas.
Ante este panorama, la ministra de Salud, María Renée Castro, anunció a través de sus redes sociales que más de medio millón de dosis de vacunas contra la COVID-19, gestionadas por el presidente Luis Arce y el mecanismo COVAX, llegarán al país a finales de semana. Este envío es crucial para fortalecer la campaña de vacunación y contribuir a la protección de la población, especialmente de aquellos más vulnerables.
La directora del Instituto Nacional de Laboratorios de Salud (INLASA), Evelin Fortún, destacó también la capacidad del laboratorio para diagnosticar enfermedades respiratorias, que incluye la COVID-19, con un promedio de hasta 4.000 muestras procesadas diariamente. Este esfuerzo es vital para la identificación temprana de casos positivos y permitir una respuesta oportuna, ya que el tiempo máximo para la entrega de resultados es de 24 horas.
La situación actual en Bolivia, marcada por este resurgimiento del virus, subraya la necesidad de un enfoque coordinado entre las autoridades de salud, la población y las instituciones para frenar la propagación del COVID-19. La adherencia a las medidas de salud pública, la vacunación y el monitoreo constante son fundamentales para mitigar el impacto de esta enfermedad en la sociedad. Las autoridades instan a la ciudadanía a estar atentas a las recomendaciones de salud y a no bajar la guardia frente a un virus que, aunque ya no se vive con la misma intensidad que en años anteriores, sigue siendo una amenaza latente.
