
El artículo que aquí se presenta, pretende explicar los fundamentos teóricos del aprendizaje de coordinación motriz desde temprana edad, vale mencionar que todo relacionado con realizar movimiento se requiere un tratamiento científico y práctico, en la formación de la capacidad motora, tanto las capacidades condicionales como las coordinativas son mecanismos esenciales, sin embargo, frecuentemente se considera que la coordinación motriz, al igual que las capacidades condicionales, se logra efectivizar mediante la ejercitación y la práctica constante de acuerdo a un plan.
La coordinación es una capacidad del ser humano que necesita ser aprendida y entrenada para ejecutarse a una buena velocidad e intensidad y conseguir que el gesto sea efectivo, por eso, en relación al proceso didáctico, los desarrollos de las estrategias metodológicas al enseñar esta capacidad deben ser adecuadas a las características, habilidades y modos de aprendizaje de los infantes, tomando en cuenta la edad y el nivel de formación, las actividades recreativas y físicas deben ser de modo progresivo, porque además de tomar a los infantes como un grupo de personas, se debe tener en cuenta las particularidades individuales de cada infante respecto de sus habilidades y capacidades motrices, tomar en cuenta estos factores ayudará de manera radical.
El proceso de aprendizaje de la coordinación debe ir dirigido al desarrollo de la percepción y el análisis de los movimientos propios a través de la propiocepción, así lo señala Platonov (2001), “es indispensable basarse en la diversidad de ejercicios, en la variedad de sus características dinámicas y espacio-temporales y en la necesidad de incorporar articulaciones concretas”. Por su parte Verkhoshansky (2018), distingue a la formación de la imagen motriz, al entendimiento de los objetivos del gesto motor, y a la comprensión del método y del plan motor para ejecutar la acción, como factores esenciales para el aprendizaje de la coordinación motriz. De esta forma, explica Verkhoshansky, se cumple uno de los objetivos del proceso de aprendizaje de la coordinación motriz: la formación de la memoria motriz, entendida como la capacidad por parte del sistema nervioso de almacenar, recuperar (recordar) y reproducir los movimientos.
La variabilidad en la ejecución motriz es un objetivo ulterior en la manifestación de la coordinación motriz. Por ello, debe proveerse de un amplio repertorio de movimientos, para que se conforme un extenso bagaje motor y sobre el cual se asimilen movimientos de mayor dificultad. Asimismo, se prepara la actuación deportiva en situaciones que requieren de la reacción, la anticipación, como respuesta a los estados cambiante del entorno.
Ello se sustenta en el principio que la realización de un ejercicio dirigido a la mejora de la coordinación motriz no es exclusiva para una capacidad coordinativa en particular, ya que “Todos los tipos de coordinación no se manifiestan en el entrenamiento y en la actividad competitiva en estado puro, sino en compleja interacción” (Platonov, 2001, 360). Un aspecto que se relaciona con la variabilidad es la complejidad de la tarea motriz; en este sentido el nivel de dificultad debe ser el óptimo para generar los estímulos adecuados al sistema nervioso. (Hohmann, Lames, & Letzelter, 2005).
Para finalizar diremos que, el poder enseñar la coordinación motriz no es una tarea sencilla de hacer, requiere de mucho conocimiento científico aplicadas al movimiento, ya que mala ejecución de los movimientos para mejorar la coordinación motriz tendrá sus consecuencias futuras, por lo tanto, trabajar desde temprana edad dicha capacidad será muy beneficiosa para el desarrollo del cuerpo humano.
Por: Grover Flores Martinez

