domingo, agosto 14, 2022
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Voces que piden la renuncia colectiva de los Asambleístas Departamentales

Una institución que nació con fines claros que sus propios inquilinos los fueron descontextualizando, ya que lo menos que mostró es autonomía en las decisiones asumidas. Un ente que debiera convertirse en el primer poder del Departamento ya que en su seno están representadas todas la provincias tarijenas en la figura de asambleístas que fueron escogidos de alguna manera por el pueblo.

La desorganización, la falta de planificación, los gastos elevados, el divorcio con los intereses regionales, etc, son algunas de las características de la Asamblea Departamental. Cuando en realidad este ente debía convertirse en el escenario de presentación, análisis, debate y aprobación de las leyes que empujarían el desarrollo regional, sucedió lo contrario ya que no sólo no catapultó el avance de Tarija sino que se convirtió en uno de sus «cuellos de botella» más negativos. La gestión desde la asamblea ni existió ni existe y si de fiscalización se quisiera hablar, habría que buscar mucho para identificar qué acciones se ejecutaron para este fin, porque de los pocos intentos que conocemos y más por una iniciativa personal de asambleístas que institucional, no quedan vestigios. La asamblea falla en su cometido porque en apariencia, se entendió que sólo consistía en pedir informes escritos a montones y nada más, sin hacer el seguimiento que corresponde y en algunos casos exigir respuesta inmediata. Los asambleístas olvidaron que tienen competencia departamental por más que vengan de ciertas provincias, ya que ni siquiera de ellas se acordaron.

La dejadez, el no importismo, la irresponsabilidad y el descaro se fueron posicionando en la Asamblea porque en vez de ir mejorando año tras año por la experiencia ganada fue al revés, fue empeorando al punto que lo más comun es que no hayan sesiones semanas enteras, que los asambleístas no se presenten bajo cualquier argumento o ninguno, sin consecuencia alguna. El último extremo es el que vivimos, más de dos meses sin sesiones, sin trabajo de comisiones y con los asambleístas enfrascados en una lucha política por el poder, mostrándonos que están muy lejos de interesarles las necesidades del pueblo y claro, del Departamento.

Este ente se convirtió en un botín político de quien maneja la directiva, que debe ser elegida cada año. Una institución que necesita millones anuales para funcionar, pagando altísimos salarios o dietas tanto a asambleístas como asesores. Un ente que se convirtió en un dolor de cabeza para todos, por lo que le significa al Estado, por los resultados mostrados y la actitud resbaladiza de sus miembros. ¿Qué queda de las leyes aprobadas por la asamblea departamental cuando miramos el cuaderno en el que deben inscribirse?, ¿cuántas de ellas interpretaron el sentir del pueblo para trabajar sobre sus necesidades?. ¿Cuántas se aplican a rajatabla y contribuyen y cuántas están archivadas sin aplicación alguna?.

La relación costo-beneficio es negativa, ya que fue más lo que se gastó que lo que se tiene como resultados concretos, tangibles. Altísimo costo que pagamos todos a quienes parecen tener poco interés en corregir sus conductas y mostrase útiles a los requerimientos de las provincias y todo el Departamento.

Se escuchan voces que ponen en vilo la vigencia de la asamblea departamental, no creemos que la institución esté fallando en sí, sino quiénes la ocupan y los que se mueven con normas internas diseñadas para la chicana y la dilación de tiempo a propósito. Aparecen propuestas que se hacen escuchar y que, más bien, hablan de pedir la renuncia colectiva a quienes no merecen ser representantes de los tarijeños, planteamientos que merecen como mínimo un análisis profundo, es preciso abrir el debate.

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