Resistencia pasiva en países con dictadura o emigración interna

Eduardo Claure

Por “emigración interna” se entendió originariamente como una actitud de resistencia pasiva en países con dictadura política. Si no podía evitarse la presión de la unificación política mediante la emigración externa, se daban, y siguen en realidad dándose siempre, las posibilidades de la “emigración interna”. Entonces se coopera externamente, tan sólo en apariencia, en la medida en que sea imprescindible para sobrevivir. Pero interiormente se siente intacto: “sin poner en ello el alma”. En círculos íntimos se expresa duda y crítica, y se libera uno mediante chistes políticos a espaldas de la mano que desde fuera le extiende una coacción indeseada, una persecución, un amedrentamiento perverso y oscuro. Para ello necesita uno los círculos privados de confianza, en una sociedad en la que ya no se confía en nadie porque todos pueden vigilar los pasos de cualquiera. Estos círculos privados no tienen en modo alguno por qué ser idénticos a los círculos de resistencia o complots. A menudo son tan sólo islas de emigración interna, que aportan compensación privada a la presión exterior, a la amenaza externa, al poder tirano. En las dictaduras, sin embargo, bastantes hombres han sido condenados y ejecutados únicamente a causa de exteriorizarse en dichos círculos.

Por “emigración interna” entendemos aquí un retirarse del espíritu formado, abandonando estados a los que se difama como carentes de espíritu. “Al recinto silencioso del corazón habrás de huir del aprieto de la vida. Libertad sólo hay en el reino de los sueños, y lo bello florece sólo en la canción” (Shiller).

Esta actitud se halla extendida preferentemente entre intelectuales y culturalistas formados, y de entre éstos, a su vez, encuentra una representación fuerte en la tradición alemana de la formación (Bildung). Porque en esta “nación tardía” (H. Plessner) dicha actitud sólo raras veces ha hallado una relación positiva y practicable con la política y la sociedad (H. P. no pretendió nunca ofender al gran pueblo alemán, él tenía sus propios conceptos). Aquí se quiere de buen agrado “más bien ser que parecer”, prosperar y trabajar en lo oculto, no mezclarse en asuntos públicos ni “ensuciarse las manos” en el “negocio” político.  A las necesidades económicas se las tiene por “necesidades subordinadas”, respecto a las cuales “el espíritu de los sabios y la nobleza” de los formados se encuentra por encima porque pueden permitírselo. Una opinión preconcebida muy generalizada es la de que en la vida pública sólo tiene que ligar una desviación respecto a aquello que le es esencial al hombre, es decir, una alienación respecto a su interna autenticidad y una caída en la masa ordinaria. Este humanismo de la formación no ha llegado a conocer el humanismo político de la ilustración europeo-occidental, y carece de las experiencias de las revoluciones burguesas de Francia, Inglaterra y América. Por eso se declara decididamente como apolítico. Ama la cultura y desprecia la civilización de masas. Pero es sin embargo la sociedad plenamente racionalizada, la que le da la libertad y el tiempo libre para retirarse a sus recintos privados. Aquí es donde se puede construir un antimundo esotérico, cultivar una sociedad libre y mantenerse alejado del movimiento público de la sociedad, del vulgo, del pueblo. Es precisamente la uniformidad en el funcionamiento, en el comercio y en la vida pública lo que permite una pluriformidad privada en la cultura, gusto y arte. Es precisamente la tendencia hacia una monótona cultura unitaria en el dominio público, lo que permite las múltiples posibilidades de la vida privada (clubes, colegios, asociaciones, logias, cámaras, organizaciones sociales, etc.). Por eso este humanismo de la formación vive de facto de aquello que desprecia.

En nuestra actualidad, la actitud de emigración interna sigue viva entre muchas personas, aquí donde se ha dado una dictadura política al igual que en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Al no verse en el exterior sino en las consecuencias deshumanizadoras de las presiones sociales, se procura configurar dentro la verdadera humanidad. Al no hallarse en la vida pública sino una libertad escasa, se procura disfrutar esa libertad privadamente y en círculos propios. Aquí es donde entonces se produce a menudo la actitud de ironía. Con ayuda de la reflexión irónica y de irónicas apostillas a la situación, se logra un punto de vista exterior a la miseria, y se consigue una distancia frente a la vida cotidiana y del común de los mortales. Pero esta distancia siempre es sin duda una distancia impotente, que en nada ayuda a la transformación concreta de la sociedad, ni construye mejores instituciones de libertad en aquel ámbito en que los intereses chocan duramente entre sí, sino que está tan sólo al servicio de la propia autoprotección frente a las presiones sociales y políticas, tiránicas en la actualidad y realidad.

Con la emigración interna, se le sustraen en el fondo a la vida pública precisamente aquellas fuerzas de las que ésta anda necesitada en orden a configurarse más humanamente. A medida que la circulación de la calle se recluye más y más a los vehículos, las calles quedan tanto más abandonadas. A medida que las llamadas capas altas de la sociedad van retirándose a las afueras, tanto más abandonados quedan hoy los centros de la ciudad. Cuanto más se retiran los “formados” del ”sucio negocio” de la política, tanto “más sucia” habrá de hacerse ésta en su opinión. Esta es la tragedia de aquella actitud de resistencia a la que se denomina como emigración interna. Si hay una actitud de crítica cultural a la que los “cristianos, protestantes, promesantes, logieros, empresarios, pasantes, políticos de calendas griegas, analistas, académicos y otros”” se hayan vinculado íntimamente en la modernidad globalizada y tecnologizada, dicha actitud es sin duda la de la emigración interna hacia lo privado, lo esotérico y lo apocalíptico, políticamente hablando. ¿No debería, por el contrario, la auténtica “fe cristiana” preparar para una encarnación de lo humano en condicionamientos inhumanos, aun cuando esto signifique el salir uno de sí mismo y cargar sobre sí con la cruz? Con aquella que libre a la sociedad de la tiranía el próximo 2025. ¡Los bolivianos deben dejar la resistencia pasiva y la emigración interna…!