Educación a distancia en tiempos de pandemia

En una situación como la que enfrentamos actualmente, los educadores se ven obligados a adoptarestrategias que les permitan continuar las actividades de enseñanza y aprendizaje a distancia; Sin embargo, estas estrategias no son las mismas que se necesitan para estructurar un proyecto formal de educación. En estas situaciones, se necesitan habilidades para ayudar a adaptarse a un estilo de vida inusual.


En un entorno educativo, es común seguir un calendario, una planeación y un ritmo que requiere tiempo para prepararse y que ha sido diseñado con el contenido y cargas horarias para una forma conocida de enseñanza, es decir, cara a cara o presencial. En las clases, el docente conoce su material, sabe cuándo utilizar sus estrategias de enseñanza, las ajusta en función a las reacciones
de los estudiantes, interactúa con ellos y sabe lo que evaluará en cada clase. Pero, ¿qué sucede cuando los profesores, los estudiantes y las instituciones educativas tienen que cambiar a una forma diferente de llevar a cabo sus eventos de enseñanza y aprendizaje? Si bien las herramientas tecnológicas se pueden utilizar para abordar el distanciamiento físico, requieren un uso contextual, planificado y con un propósito para dar forma al programa educativo. Si bien el aprendizaje a distancia no es una solución perfecta, hemos encontrado esencial que las instituciones educativas, los educadores, los estudiantes y las familias estén dispuestos a adaptarse viendo los aspectos útiles para intentar igualar su valor.


La educación presencial y la educación a distancia son diferentes. Si creen que son iguales por ser educación, es un error. La clave es comprender cómo se integran las actividades educativas en cada una. Los elementos inherentes de la educación a distancia, a diferencia de la educación presencial, tienen un impacto en la enseñanza del profesor, el aprendizaje de los estudiantes, el logro de las metas institucionales y del proyecto educativo. Una diferencia obvia es el uso de la tecnología para mediar en la educación a distancia. Con todo, la irrupción de la tecnología está empujando a la sociedad hacia un cambio de paradigma en la vida diaria, desde los equipos que tenemos en casa hasta la forma en que nos comunicamos. La educación no está excluida de situaciones en las que estas tecnologías funcionan. La conocida tecnología de la información y la comunicación (TIC) se entiende como un conjunto de herramientas, medios y canales para adquirir y procesar información en diferentes regiones del mundo.


En la clase (presencial o virtual), esta es una comunidad en la que los estudiantes de convergencia y divergencia conviven todos los días para participar en el mismo evento educativo, que se interpreta de manera diferente de cualquier realidad. En un país donde, a pesar de la universalidad educativa, se logró en el nivel básico de la escuela frente a la educación, menos de la mitad de la población tiene acceso a la tecnología, y la otra mitad está en situación de pobreza, es difícil de imaginar que la tecnología sea una solución completa. Sin embargo, si se desea ver a la tecnología como parte de la solución, como elemento de fuerza para estimular y transformar la educación, es necesario, por un lado, reducir la rotura digital. Y no hablamos de la adopción o la falta de tecnología, sino también para verlo como parte de la realidad, que afecta a nuestro entorno, la comprensión no es una división entre aquellos que tienen o no tienen acceso a las TIC, pero existen diferencias entre el mundo de distintos estudiantes, maestros y sistemas educativos.


Otra diferencia es que las relaciones interpersonales se pueden establecer en estas dos situaciones. En el aula, los maestros pueden comunicarse cara a cara con los estudiantes, mientras que, en las aulas virtuales, la interacción se basa en la conectividad, velocidades de datos, video y audio de alta calidad. Estar en dos dimensiones y no en tres, es un factor de fatiga mental, los dos necesitan gastar más energía para expresarse y entenderse. Esto debe considerarse, ante todo, ya que los profesores están a la vanguardia de las actividades de aprendizaje, pero a medida que descubren que los estudiantes pueden desempeñar diferentes roles según sus características individuales y su aprendizaje, sus trabajos se vuelven más complejos: aquellos que se sienten cómodos en un entorno virtual, los que ayudan a otros, los que tienen dificultades técnicas o sienten que aprender desde una pantalla no es adecuado. El tiempo juega un papel importante en estas interacciones. Aunque en ocasiones a través de una herramienta, un estudiante puede realizar determinadas actividades en un horario que él logre organizar, y que depende de otros factores como la disponibilidad de equipamiento, de conexión en su domicilio o accesibilidad a lugares donde estos elementos pueden accesibles para ellos.


Cabe destacar también que hacer para entregar y hacer para aprender es diferente. Distintos contenidos implican distintas maneras de aprenderlos. Se pueden distinguir dos rutas: la de producir o la de aprender significativamente. La primera no busca más que hacer algo que quede como evidencia de que el tiempo se ha empleado en tener un producto que se vea y se pueda evaluar. Mientras que la segunda busca que el alumno se adueñe del conocimiento nuevo a través de un anclaje con la información ya poseída. Si bien es normal en nuestra opinión que las tareas del aula estén respaldadas por materiales, esto no significa que sean la única fuente de conocimiento, especialmente cuando se enseña, sobre todo si se considera que la enseñanza ya no se centra sólo en los contenidos, sólo en el docente o sólo en el alumno, sino en una visión integral. Las estrategias
de enseñanza deben orientarse a privilegiar un procesamiento de la información que permanezca en el alumno como un conocimiento ligado a su vida. Es cierto que el sistema educativo requiere de cifras y datos que permitan generar indicadores, pero en ocasiones pareciera que la preocupación central es entregar evidencias de que se hizo algo. Por ello, se deben considerar las necesidades de los alumnos, del profesor, de la comunidad y de la institución. Una evaluación funcional para el aprendizaje toma en cuenta decisiones fundamentadas, criterios explícitos de evaluación, una evaluación auténtica y una planeación.

El docente debe realizar una aproximación al contexto inmediato actual, ser consciente de que el proceso educativo en el aula presencial o virtual no depende exclusivamente de él, tener claro cuál es la finalidad formativa y cuestionarse cuáles son los medios que le ayudarán a alcanzarla. De esta forma, el hecho de que las “computadoras” reemplacen al maestro es, ahora, algo que está lejos de ocurrir. En su lugar, habría que cuestionarse la diversificación en la formación docente, contemplando un escenario donde tengan las habilidades y herramientas para adaptar su enseñanza a otros medios y recursos, si la circunstancia lo requiere.
Por su parte, es ineludible reconocer que los estudiantes necesitan un sentido educativo de las tecnologías. El estudiante de estos tiempos es percibido como un individuo que requiere información clara y concisa en paquetes pequeños que no le demanden más de unos minutos de su atención; de lo contrario, se corre el riesgo de que encuentre poco atractivo el material de estudio y lo abandone. Sin embargo, y aunque se debe tomar en cuenta el perfil del estudiante, no se puede poner una regla general para la elaboración de recursos educativos que pertenecen a distintas disciplinas y que sirven a diferentes tipos de conocimiento y de objetivos. Sumado a esto se debe tener en cuenta que el aprendizaje en nuestros tiempos está enfocado al cambio, la renovación, la reestructuración y la reformulación de problemas.


Además, hay que recordar que no se aprende sólo desde la cabeza, sino también desde el cuerpo. Aunque el centro de procesamiento de toda la información que sentimos y percibimos es el cerebro, todo el cuerpo manda señales de las experiencias que día con día se viven. Desde hace ya tiempo se ha discutido la importancia de involucrar al cuerpo en el aprendizaje escolar; sin embargo, cambiar esa vieja práctica de estar sentado recibiendo información durante toda la jornada no ha cambiado del todo. Se puede diferenciar una forma de aprender en la que se considera al estudiante un individuo pasivo de aquélla en la que es un ser activo. Este problema se presenta desde la educación presencial: no por tratarse de trabajo escolar debe pensarse que sólo leyendo y escribiendo con ayuda de los dispositivos se aprende; por el contrario, el cuerpo, el movimiento, los sentidos, las emociones están involucrados en cómo cada persona internaliza la información. Además del valor de la lectura y de que es innegable que existen momentos en que se debe estar en un lugar fijo, el cuerpo no puede quedar fuera de la experiencia de aprendizaje. No se trata de que todo el tiempo el estudiante brinque o juegue, sino de que, a través de diferentes estrategias, se aprenda con todos los sentidos. Además, si se considera que existen diferentes tipos de inteligencia, para lograr un aprendizaje auténtico y significativo, tanto el cuerpo, la cognición, las emociones y toda la experiencia que pueden brindar deben estar involucrados en el descubrimiento y en el procesamiento de la información.

Adoptar una estrategia de aprendizaje a distancia no es semejante a la educación formal a distancia.
Si bien tienen algo en común, la lógica de planificación, el aprovechamiento de los recursos y la interacción de los actores involucrados son elementos poderosos que deben construirse con dedicación y trabajo acorde a las características de cada persona. Uno de los atributos indiscutibles que necesita la educación moderna es la adaptabilidad. No solo los docentes sino también los estudiantes deben querer cambiar el paradigma tradicional y buscar roles más participativos para que lo que sucede en una situación de crisis se traduzca en cambios duraderos en el entorno. Dado que las emergencias de salud permiten factores muy obvios, es imperativo estudiarlos para mantener una cultura de la educación en la que uno u otro no esté sobrevalorado o sobrestimado, bajo, pero busque la manera de complementarlos.

Cabe mencionar que, si bien la educación a distancia es diferente en forma y alcance de la capacitación a tiempo completo, se deriva de las condiciones socioeconómicas y políticas del país.Dado que la educación formal a distancia supera la barrera física entre estudiantes y profesores, está claro que la aplicación de soluciones provisionales en situaciones específicas no es lo mismo que la educación formal a distancia porque requiere una planificación y un desarrollo específico y esto no ocurre de la noche a la mañana. Los cursos en línea no son una entrega de cursos presenciales, sino que requieren el trabajo de profesionales de la educación para estructurarlos, hacer seguimiento a cada etapa del trabajo y proporcionar recursos de aprendizaje de calidad alta para que los estudiantes puedan tener una experiencia satisfactoria. Educar a distancia consiste en crear un espacio para el aprendizaje real y significativo mediante el uso adecuado de los recursos disponibles, tomando en cuenta las características de los estudiantes y del proyecto educativo al que ambos pertenecen

Por: Valeria Ines Guerrero Monzón