sábado, julio 2, 2022
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Debemos trabajar más en la educación de la gente

Nos desarrollamos a través de actitudes y conductas que son el fiel reflejo de lo que somos como sociedad. Somos absolutamente conscientes de las debilidades de nuestro medio, de la flexibilidad de nuestras autoridades y de la no tan necesaria obligación de cumplir la ley, pues cuando visitamos otros países que no tienen estas tolerancias nos comportamos de otra manera, cambíamos automáticamente, somos «otros», pero regresamos y asumimos nuestra verdadera identidad. Y pasa por conductas como no arrojar basura en vía pública, no estacionar en lugares no permitidos o respetar la luz roja del semáforo y los carriles de circulación, etc., eso que tanto nos cuesta hacer en casa ya esta sobreentendido cuando visitamos otra. Esa doble moral nos asfixia, nos ata al fracaso y prolonga nuestra inercia, reflexionemos y cambiemos asumiendo
un rol pro activo constructivo si verdaderamente queremos convertirnos en agentes del crecimiento de nuestra tierra. Los hábitos son parte de nuestras vidas y son requisito de la disciplina, debemos enmarcar nuestro comportamiento a una serie de acciones repetitivas cada día simplemente porque tenemos una agenda marcada, a la misma hora nos despertarnos para que nos de tiempo de llegar al trabajo, donde también tenemos un horario y actividades definidas, de una u otra forma estamos obligados a hacerlo así porque simplemente así funciona el sistema que nos sostiene.

Con el tiempo ha quedado en claro que, generalmente, debe haber una sanción, una advertencia o amenaza para que respetemos ciertas reglas, hasta en los países más desarrollados y «educados» se fijan penas duras en contra de quien no respeta la norma, lo establecido, puede que en algún momento ellos fueron desordenados y reacios a someterse a las leyes pero a fuerza de coerción y sanción se logró revertir esos comportamiento, al punto que hoy casi todos ayudan en el establecimiento de un orden muy cercano a la perfección. Puede que nosotros, miembros de un país del tercer mundo, precisemos de esa misma receta que pasa primero por recuperar el principio de autoridad, educar a la población si es necesario a fuerza de duras sanciones, con seguridad la generación presente sentirá el impacto pero las venideras asumirán esas conductas como parte de su idiosincracia y no será preciso «obligar por la fuerza» a nadie a cumplir con lo que debe hacer. De esa manera comenzaremos a ordenar la casa.

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