3 cosas que están en juego en las elecciones presidenciales de Honduras

¿Volverá la izquierda al poder? ¿Se acercará Honduras a China tras años de fuertes vínculos con Estados Unidos? ¿Qué pasará con el presidente saliente Juan Orlando Hernández?

Honduras celebra este domingo unas megaelecciones presidenciales, legislativas y locales con varios asuntos trascendentales en juego en un país en el que crece la violencia política, la migración y la pobreza.

La campaña ha estado marcada por una violencia política que alcanzó «niveles inquietantes», como denunció Naciones Unidas.

Durante el último año se registraron al menos una treintena de asesinatos por motivaciones políticas, que fueron acompañados de acusaciones de corrupción y narcotráfico entre algunos candidatos que salpican incluso al actual presidente, Juan Orlando Hernández.


Además de esta crispación, unos organismos electorales recientemente creados fomentan el riesgo de que puedan repetirse grandes protestas postelectorales como las que siguieron a los comicios de 2017, sobre los que hubo acusaciones de fraude en el recuento de resultados.

Según las encuestas, el gobernante conservador Partido Nacional (PN) y el Partido Libertad y Refundación (Libre) son los que cuentan con mayores opciones de vencer.

El candidato de la primera formación es el alcalde de Tegucigalpa, Nasry Asfura, quien ha empleado su campaña en tratar de mostrar distancia del actual presidente, Juan Orlando Hernández, señalado en cortes de Estados Unidos por presuntos vínculos con narcotráfico y quien no opta a la reelección.

El opositor Libre lo lidera Xiomara Castro, quien aspira a ser la primera presidenta hondureña. Es esposa del expresidente Manuel Zelaya, quien tuvo que salir del país tras el golpe de estado de 2009. Un triunfo de Castro supondría el regreso de un gobierno de izquierdas a la nación centroamericana.

Un posible regreso de la izquierda tras el golpe de 2009
Frente a la continuidad del PN, que gobierna desde hace once años, una victoria de Libre supondría el regreso de la izquierda al país.

Xiomara Castro pregona un «socialismo democrático» y propone despenalizar el aborto, reducir las comisiones que cobran los bancos a los receptores de remesas, crear una comisión internacional contra la corrupción con apoyo de la ONU y la derogación de una serie de leyes adoptadas en los últimos años.

Una de ellas, la que creó las polémicas Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (ZEDES), por considerar que sirven de refugio para corruptos y narcos por su carácter autónomo.

Regrese o no la izquierda, los retos del país son claros. Uno es la economía.

En el último lustro, la economía de Honduras ralentizó su crecimiento, lastrada por la inseguridad y la corrupción. En 2020, el Producto Interno Bruto (PIB) del segundo país más poblado de Centroamérica cayó un 9% por los efectos de la pandemia y de dos potentes huracanes que golpearon la zona.

Las proyecciones del Banco Mundial muestran que la proporción de personas que viven por debajo de la línea de pobreza de US$5,5 al día habría aumentado al 55% en 2020; esto es, más de 700.000 nuevos pobres.

Además, de 2019 a 2020, la tasa de desempleo casi se duplicó al legar al 10,9% y la de subempleo pasó del 60,6% al 70,7%. En septiembre de 2021, unos 3,3 millones de hondureños -un tercio del país- enfrentaban inseguridad alimentaria aguda.

Quien triunfe el domingo recibirá un país con más de US$15.000 millones en deuda pública, que representa un 57% del PIB. De ese total, unos US$8.172 millones corresponden a deuda externa, reporta la agencia Reuters.

La izquierdista Castro propone «readecuar» y «auditar» la deuda, mientras que la política de Asfura podría implicar una mayor colaboración con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con el que el país tiene un acuerdo y una línea de crédito.

Mejorar estas condiciones es clave para frenar la migración.

En el año fiscal 2021, que terminó en septiembre, los hondureños representaron casi la mitad de los 701.049 centroamericanos detenidos en la frontera suroeste de Estados Unidos, según cifras de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de ese país.

El dinero que envían los migrantes hondureños -que residen mayormente en Estados Unidos- representa el 22% del PIB del país centroamericano, uno de los porcentajes más altos de la región.

En lo social, el posible regreso de la izquierda podría suponer la llegada de políticas más progresistas, pero esto podría chocar contra las creencias conservadoras de buena parte de la sociedad hondureña.

Un claro ejemplo se vio cuando el programa de gobierno de Libre contempló incluir en los centros de enseñanza «educación sexual inclusiva para personas LGTBIQ+». Tras la polémica creada en redes sociales, la propuesta fue eliminada alegando que fue «un error».

Según Tiziano Breda, analista para Centroamérica del International Crisis Group, «Libre ha desarrollado una posición más pragmática y cordial para encontrar sinergias con ciertos sectores. Es menos radical que en el pasado, lo que creó muchos anticuerpos que favorecieron que el PN se quedara en el poder jugando con esas tensiones».

Este enfrentamiento de ideologías, de hecho, ha estado presente en la campaña electoral. El PN organizó una marcha «contra la llegada del comunismo y el aborto», que en Honduras está prohibido en todos los casos. Libre propone despenalizarlo en caso de violación, riesgo para la madre o malformación del feto.

«La familia es lo fundamental de la base de un Estado para salir adelante (…) creyendo en lo que somos los hondureños, sin ideologías extrañas de otros países», subrayó Afura.

Tras su salida por el golpe de Estado en 2009, muchos se preguntan cuál será el papel real del expresidente Zelaya, actualmente coordinador de Libre, si el partido llegara a la presidencia.

«Aunque él ha declarado que Xiomara es candidata independiente con sus ideas, la percepción general es que el margen de ella sea algo limitado por la presencia importante de Zelaya, como si fuera la mente detrás y tomador real de ciertas políticas y estrategias», opina Breda.

2. La relación con EE.UU. y China
La victoria de uno u otro candidato a presidente el domingo marcará las relaciones de Honduras con el exterior y sus socios estratégicos.

Es previsible que un nuevo gobierno del Partido Nacional apueste por continuar su buena relación con Taiwán, Israel y, sobre todo, con EE.UU.

A Honduras le unen lazos indisolubles con Washington como intereses migratorios (es el principal destino de los hondureños), de lucha contra el narcotráfico (buena parte de la droga que entra a EE.UU. desde Sudamérica pasa por Honduras) y comerciales.

Si gana Libre, sin embargo, se avecinan cambios. En su programa de gobierno, por ejemplo, ya dejan clara su intención de establecer relaciones diplomáticas con China continental.

«Esto podría levantar cierta preocupación en Washington e implicaría una ruptura de las relaciones con Taiwán», le dice Breda a BBC Mundo.

«Pero al mismo tiempo, creo que sería difícil de frenar ante la inevitabilidad de que la presencia china siga aumentando en la región», añade.

El gobierno de Taiwán, por su parte, ya respondió al anuncio de Castro: «Las promesas de Pekín son vistosas, pero falsas», dijo un vocero de su Ministerio de Asuntos Exteriores.

Estados Unidos, su mayor socio comercial, está condicionando una ayuda de US$4.000 millones para Honduras y otros países centroamericanos a la lucha contra la corrupción, uno de los grandes problemas del país.

Autoridades clave como la Corte Suprema de Justicia
Aunque la mayoría de atención se centra sobre quién será el nuevo presidente, en estas elecciones se elegirán también a los 298 alcaldes del país, los diputados del Parlamento Centroamericano y, especialmente importante, los miembros del Congreso Nacional.

Cómo quede formada la Cámara será trascendental, ya que los nuevos diputados tendrán el poder de elegir a autoridades clave en el cumplimiento de la ley y la lucha anticorrupción en el país.

Uno de ellos será el fiscal general que encabeza el Ministerio Público y que finaliza su actual mandato en 2023. Ese mismo año, los diputados elegirán también a los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para el período 2023-2030.

«La elección de presidente está muy unida a la figura del candidato, pero a nivel legislativo cuenta más la identificación con el partido. Por eso, en el Congreso no veo capacidad de la oposición de lograr una mayoría. En caso de que lograran la presidencia, podríamos tener un Ejecutivo y Legislativo en manos de partidos opuestos», pronostica Breda.

Fuente: BBC